Con 36 obras que retratan la esencia de su tierra, el artista sastrense inauguró su muestra en la Sala Betania. Un reencuentro familiar y el tango de Mariana Speziale dieron marco a una tarde cargada de emoción.
Silvio Torti inauguró su muestra en la Sala Betania de Mariápolis Lía con 36 obras que retratan paisajes y escenas cotidianas de Sastre, en una exposición que une memoria, identidad y emoción.
En el corazón de la ciudadela Mariápolis Lía, ese rincón espiritual del partido de Junín que rinde homenaje a la fundadora de los Focolares, el paisaje de Sastre encontró un nuevo hogar. El pasado sábado, la Sala Betania Artes de la localidad bonaerense de O'Higgins, se vistió de gala para recibir la muestra de Silvio José Torti, un artista que ha sabido transformar la nostalgia y el latido de su aldea en una obra de alcance universal.
La iniciativa fue impulsada por el Museo Histórico Municipal Doval Fermi, y a través de la Secretaría de Cultura municipal, el Municipio colaboró con esta propuesta que reconoce el valor del arte local y representa a Sastre con su talento y trayectoria.
Un reencuentro entre pinceles y afectos
La travesía comenzó el viernes 27 de marzo, pero el momento más íntimo se vivió el sábado por la mañana. Allí, entre óleos y acrílicos, Silvio se reencontró el sábado con su hijo Ariel, quien lo ayudó a dar los últimos toques al montaje de la exposición. Esa colaboración silenciosa entre padre e hijo fue el preludio perfecto para una presentación oficial que, por la tarde, desbordó los sentidos de los presentes.
La curadora, profesora en Artes Visuales Laura Simonini, aportó una lectura profunda sobre la obra de Torti, definiéndola como un acto de resistencia contra el olvido. Según explicó, la pintura de Silvio nace de una "necesidad íntima por sostener lo que tiende a desvanecerse", logrando que cada paisaje no sea un registro frío, sino un "latido" que busca continuar en quien observa.
La muestra de Silvio Torti reúne 36 obras inspiradas en paisajes y escenas de Sastre.
En su texto curatorial, Simonini destaca la capacidad del artista para hacer vibrar la materia: "Sus paisajes no son escenarios detenidos. El color pulsa y la luz se expande más allá del marco". Para la experta, las bicicletas y figuras cotidianas de Silvio conviven en un tiempo suspendido donde lo visible abre paso a lo invisible, convirtiendo a Sastre en un territorio espiritual.
Música, color y permanencia
La inauguración fue una verdadera fiesta del espíritu. Mientras los asistentes recorrían las salas contemplando los cielos y calles sastrenses, la voz de la tanguera Mariana Speziale le puso banda sonora a la emoción. La combinación del tango y la pintura reafirmó esa "necesidad interior" de la que hablaba Kandinsky y que Silvio plasma en cada trazo: el arte no es solo representación, es un estado anímico.
Para Silvio, esta primera exposición individual en la prestigiosa ciudadela es el fruto de años de encuentros artísticos y vínculos sembrados con el tiempo. Como bien señala el texto curatorial basado en Tolstoi, al "pintar su aldea", Torti ha logrado pintar el alma humana, permitiendo que quienes visiten la muestra sientan que lo cercano puede contener el universo entero.
La exposición permanecerá abierta durante tres meses, invitando a todos los visitantes de Mariápolis Lía a descubrir que, en los paisajes de Sastre, también reside una parte de su propia historia.





