En un nuevo aniversario de la guerra del Atlántico Sur, José Luis Acedo y Miguel Velázquez, repasaron algunos episodios que sacudieron a la sociedad.

A principios de la década de los 80’, Argentina se vio envuelta en un conflicto bélico que tensaría las relaciones con Inglaterra y llevaría al campo de batalla a miles de jóvenes soldados que poseían como único ideal, “el de morir por su patria”. La Guerra de Malvinas, de cuyo inicio se cumplen 37 años, duró 74 días y en ella murieron 649 argentinos, muchos de los cuales hoy siguen siendo NN en el Cementerio argentino de Darwin.
Entre tantos pibes clase 1963 que se encontraban realizando el servicio militar y otros cientos que fueron reincorporados, se encontraban 16 sastrenses que estuvieron muy cerca de ser llevados al combate, de los 1800 santafesinos que estuvieron involucrados.
En aquella lista de jóvenes oriundos de Sastre, se encontraban: Juan Espinoza, José Luis Acedo, Miguel Velázquez, Omar Cipolatti, Raúl Eberhardt, Silvio Novatti, Marcelo Monge, Silvio Adagio, Raúl Orellano, Claudio Seveso, Miguel Centurión, Roberto Toscano, Sergio Becerra, Marcelo Basta, Adrián Novasio y Adrián Barrado.
InfoSastre junto a dos ex soldados que dieron testimonios personales de lo que vivieron y sufrieron a la espera de ser enviados a la guerra. José Luis Acedo se encontraba bajo bandera en la ex Compañía de Ingenieros transportado de Córdoba.
“Junto a otros 400 compañeros estábamos volando hacia las islas y dos horas después de haber despegado, dieron la orden de regresar a Córdoba, porque se había terminado el conflicto, y necesitaban los aviones hércules para ir a buscar a los soldados”, repasó el ex soldado convocado y movilizado.
“Fue una guerra sin sentido. Con 18 años, no estábamos preparado para esa guerra. Los militares nos prepararon psicológicamente pero no teníamos prácticas, ni armas”, admitió.

Al cumplirse 37 años, Acedo aseguró sentirse humillado. “Nadie nos ha reconocido nada. No tenemos acceso a los beneficios de la Ley Ginebra que rige a nivel mundial y estamos abandonados, olvidados, sin reconocimiento ni atención”, manifestó.
Continuó: “no tenemos ni jubilación, ni pensión ni obra social. Hace 12 años que luchamos por ese reconocimiento y no tuvimos el apoyo de nadie”, criticó y recordó que muchos ex combatientes conviven con secuelas postraumáticas crónicas y si bien la gran mayoría -más allá de los 500 suicidios que hubo en los primeros diez años de posguerra- muchos pudieron con dificultades rearmar su vida, pero arrastrando la pesada mochila de la guerra.
Otra historia con matices muy similares vivió Miguel Velázquez. Un año después de cumplir con la conscripción, el día de su cumpleaños número 19 fue convocado para reincorporarse al Batallón del Ejército Argentino en Concepción del Uruguay, Entre Ríos. “En mi caso, yo estuve movilizado durante tres meses en la compañía de combate C. Tuve por un lado, la desgracia y por otro la suerte, de viajar. Era dragoneante y había elegido un grupo para transportar materiales bélicos y puentes flotantes”, contó al repasar un viaje a Puerto Argentino para llevar armamento.
El empresario gastronómico estuvo más de una decena de veces sentado en la cama junto a su mochila, esperando el llamado para recorrer esas las 20 cuadras que lo separaba de la estación de trenes para viajar a Buenos Aires. “La angustia que pasamos todo ese tiempo no se olvida más”, confió.
Y en medio del recuerdo confesó: “todo fue doloroso. Después de tanto tiempo uno se pone a pensar y fue una cosa de un par de locos que se le dio por hacer una guerra, sin armamento ni capacitación”.
“Hoy lo miro a mi hijo más chico y no puedo entender como mandaron a la guerra a pibes de 18 años, que ni sabían usar los fusiles Fal. Fue una locura”, terminó la charla donde contó en primera persona su experiencia.





