En 1938, Pedro Balbi dio vida a la primera trilladora construida en la localidad, un hito de la industria agropecuaria santafesina. Con esfuerzo comunitario, ingenio y pasión por la mecánica, se fabricaron más de 30 unidades que marcaron una etapa pionera en la región.
El legado de Balbi: la historia de la primera cosechadora fabricada en Sastre.
A fines de la década del ’30, la localidad de Sastre y Ortiz fue escenario de un hecho que marcaría la historia de la industria nacional. En 1938, Pedro Balbi, un apasionado de la mecánica, puso en marcha la fabricación de su primera trilladora. Con la colaboración de vecinos que aportaron capital y el trabajo de seis personas, la máquina fue terminada en un año y estrenada en un cultivo de trigo en el campo de los hermanos Martino.
El emprendimiento, pese a su modestia inicial, rápidamente ganó reconocimiento: se vendieron entre 32 y 36 cosechadoras, inspiradas en un modelo canadiense Massey Harris. Los primeros compradores fueron los contratistas Bautista y Florentino Bossi. Las máquinas, que funcionaban con dos motores (uno para la tracción y otro para la cosecha), se distribuyeron en distintas provincias como Córdoba, Buenos Aires y localidades como San Jorge, Sacanta, María Susana, Hernando y San Basilio.
Balbi, que desde joven había demostrado su habilidad en el manejo y mantenimiento de motores a vapor, también destacó como mecánico de autos de carrera. Su vocación y capacidad innovadora hicieron posible que, en su mejor momento, la fábrica llegara a emplear a treinta obreros. Las cosechadoras incorporaban piezas importadas y nacionales, con aportes de marcas como Deering, Waukesha y Ford, además de cernidores Miretti y zarandas Carra.
El ocaso llegó en 1942, cuando la empresa cerró y sus máquinas y herramientas fueron adquiridas por Carlos Mainero, mientras que el mobiliario pasó a la firma Cramaco. Posteriormente, en 1947, Cragnolino Hnos. tomó posesión de la planta fabril que había funcionado en la esquina de Av. General López y Rivadavia.
Sin embargo, la familia Balbi no se detuvo: durante varios años se dedicaron a la fundición de hierro gris, abasteciendo a fábricas de San Vicente, Senor, Bernardín y Boffelli con piezas de alta calidad. También incursionaron en la fabricación de bombeadores.
“Yo nací en la fábrica, mi papá se emocionaría si viera todo esto. No podría creer que todo el esfuerzo de aquellos años ahora se valore”, expresó emocionada Marta Balbi, hija de don Pedro, en diálogo con Clarín Rural.
Hoy, el nombre de Balbi sigue resonando como un ejemplo de visión y sacrificio en tiempos donde todo se hacía “en la cabeza y con poco dinero”, pero con un fuerte espíritu innovador. Su aporte pionero simplificó la tarea de los productores y dejó un legado imborrable en la historia del agro argentino.
Fuente: Pesadosargentinos.blogspot - Edición: InfoSastre





