A esa conclusión llegó el arquitecto de la Arzobispado, Facundo Berra, luego de recorrer el edificio. Recomendó impermeabilizar las grietas y refacciones estéticas.

Atrás quedaron las intensas lluvias que afectaron a la ciudad en los primeros meses de año pero la principal iglesia católica de la ciudad comenzó a sufrir las consecuencias del descenso de las napas subterráneas, que durante varias semanas estuvieron al nivel del suelo.
En los últimos días de abril, comenzaron a aparecer daños en mampostería, hormigón y revoques en distintos sectores del templo, que con el paso los días se fueron agravando y generando preocupación entre las autoridades católicas y feligreses.
Las fisuras aparecieron en el encuentro de dos etapas constructivas que tuvo el edificio. Dos columnas de la nave central sufrieron un pequeño hundimiento que generó importante rajaduras, algunas de entre 2 y 3 centímetros, desde el cielo raso hasta el cimiento. También se registraron grietas en la nave de los laterales del frente, en la estructura de la bóveda del altar y en el sector más antiguo de la sacristía, donde se desprendió parte del revoque de una de las paredes.
En la tarde de ayer, el arquitecto del Arzobispado de Santa Fe, Facundo Berra junto al padre Cristián Lascurain y el arquitecto sastrense Gustavo Plese, recorrieron las instalaciones.
“Las dos fisuras no comprometen la construcción”, aseguró Berra quien indicó que la solución sería impermeabilizar la zona afectada para evitar el ingreso de agua -lo más peligroso- y encarar varias refacciones de tipo estéticos.
En caso de ampliarse la grieta, el arquitecto explicó que el siguiente paso sería realizar un estudio de suelo y no descartó consolidar las fundaciones.
En la región se registraron serios problemas en otras construcciones, como en Piamonte, donde las secuelas fueron más graves. Según detalló Berra, cedió en suelo de la parroquia y hubo que hacer una estructura de bigas y pilotes para consolidar el campanario, ya que existe un peligro de derrumbe debido al peso del campanario. Casos similares fueron detectados en Carlos Pellegrini, El Trébol, Irigoyen, San Agustín, entre otras localidades.
Mas aliviado por la evaluación de los profesionales, el presbítero Lascuarian se mostró más aliviado por la situación aunque lamentó la escases de fondos para encarar las obras que son necesarias.
Si bien descartó culminar los trabajos antes de las fiestas patronales, las refacciones podría concretarlas antes del inicio del verano.

Fuente: Luis Emilio Blanco (La Capital) / Edición: InfoSastre





