INFO-PLUS, la columna de opinión semanal de José Miguel Galetto.

Por CPN. José Miguel Galetto
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El Papa ha convocado mediante la tradición de la Iglesia, al año del jubileo a través del misterio de la misericordia. Últimamente se venían realizando cada 25 años.(es el ordinario que vencería en 2025). En este caso se trata de un año extraordinario que tiene lugar cada 50 años, se extenderá hasta el 20/11/16 y con un tema especial: la misericordia. Estimo interesante los orígenes del que llamamos “año sabático”: El año "santo" o jubilar, se trata de un período d e tiempo con la particular presencia de Dios y su gracia. Los cristianos tenemos el domingo, que es el día del Señor Jesús y la particular presencia de Dios. También la Biblia habla del “año sabático”.
Los hebreos descansaban el 7º día de cada semana (shabat o sábado) ; el pueblo judío celebraba cada 7 años un año sabático en que dejaban descansar la tierra para que ese año encontraran comida los pobres en el campo. Y además se perdonaban las deudas y se liberaba a los esclavos.
Pero mucho interesa el significado del pacto de la misericordia La etimología de esta palabra proviene de “cordis”- que se abre al padecer del otro- miser significa “miseria”. Y se completa con la partícula “ia”, que traducido es virtud. Entre los sinónimos, aparecen “piedad” y “compasión”. Sin conocer la misericordia, no es posible entender la Biblia, ni a santos como Francisco de Asís, y algo muy particular para los argentinos: las acciones sociales a favor de los pobres. Se puede agregar que tampoco se interpretarán las constituciones nacionales, la vida y el amor después de los campos de concentración y las familias que viven unidas hasta el final. Entre otras divulgaciones, encuentro pertinente citar a Francisco que habla de la misericordia como fuente de alegría, serenidad y paz. Y entonces como movimiento hacia afuera (desborde de compasión) y hacia adentro (purificar la mirada hacia el prójimo).
Ante las contradicciones que nos toca vivir y las heridas del pasado, se debe actualizar el concepto: son necesarios ojos, corazón y manos de misericordia. Y diría que ella va más allá de una simple muestra de perdón hacia el “próximo”: no podemos avanzar en la construcción de la propia vida y la historia de la sociedad sin lo que se da en llamar “entrañas” de misericordia. Esta nos permite proyectarnos hacia el futuro y al construir las bases del porvenir, será el tiempo de fijar la mirada en las heridas y controlar las cicatrices.
Más aún: ¿es posible admitir que Dios no sólo perdona, sino que también olvida? Podemos confirmarlo si recordamos que según el Evangelio, ante la pregunta de Pedro tenemos que “perdonar setenta veces siete”. Medida sin límite.
Insertados en nuestra Argentina, vivimos momentos de división en una sociedad muchas veces fragmentada. A partir de que el perdón sana, o nos mancomunamos, solidarizamos (término que vengo repitiendo seguido) y trabajamos buscando la “unidad” (el avanzar “todos juntos” según los que gobiernan) para construir la nación o quedaremos embarrados en la telaraña del individualismo y el “sálvese quien pueda”. ( nunca más pregonan los misericordiosos que se fijan en el “otro” y en especial en “ los pobres y humildes de corazón” al decir de Francisco).
Creo que es un momento de aprovechar el Año Santo y asignar a la misericordia una jerarquía y legitimidad en el ámbito político.