La encíclica papal marcó un punto de inflexión. Presentamos INFO-PLUS, la columna de opinión de José Miguel Galetto.

Por CPN. José Miguel Galetto
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Admito que hasta que se publicó “ALABADO SEAS”, no le había dado la trascendencia debida a las negativas consecuencias de la ecología y el cambio climático. En crudo análisis, Francisco explica aspectos de la ciencia sobre el calentamiento global, que atribuye a un modelo industrial injusto (acusó a grupos financieros) y basado en combustibles fósiles que “dañan principalmente a los pobres”. No cayó bien en los sectores petroleros, que fueron denunciados sin tapujos de arruinar el medio ambiente. Se advierte el fuerte contenido político de este primer documento en su tipo. Hace responsable al poder económico concentrado de la especulación, la corrupción y una búsqueda desaforada de la renta financiera.
La reacción de la sociedad no se hizo esperar. En el orden mundial, cabe resaltar un encuentro en París de países europeos para tratar el tema, máxime por las secuelas que quedaron en Francia luego del atentado terrorista islamita. En América Latina aún no existe una legislación que pene adecuadamente las medidas tomadas por los agricultores (agroquímicos sofisticados) para combatir plagas, limitándose a fijar algunas precauciones (distancia mínima de los centros urbanos). En nuestro país, sobran ejemplos de un modelo agropecuario “neoextractivista” que cuestiona la propia encíclica. Es reiterativo: monocultivos de soja con rotación nula, pérdida de la biodiversidad, desvío de riachios, quema de pastizales, ganado en tierras no aptas.
En el ámbito local, recibo mensajes de un “Grupo de Reflexión Ambiental Sastre” que investiga los peligros para la salud, derivados de los agroquímicos aplicados indiscriminadamente y todas otras medidas que perjudican a los propios agricultores que no están bien asesorados. Digo esto, porque si no se lee la letra chica, pasa de alto en la encíclica este agregado: “Muchos pájaros e insectos que desaparecen a causa de los agrotóxicos creados por la tecnología, son útiles a la misma agricultura”. Para que sea pensado por los hombres de campo que se sienten apremiados injustamente. No implica aceptar que las materias primas del campo son básicas para nuestro desarrollo. Por lógica, los más apuntados son grandes terratenientes: los contaminantes atmosféricos, que producen enfermedades graves – a veces no vinculadas a ese hecho- o provocan muertes prematuras comprobadas.
Pero quiero terminar destacando otro problema crucial: la desforestación abusiva y culposa en nuestro país. El pasado octubre en Tartagal-Salta le dieron pena de 6 meses a un productor que desmontó- léase bien- 16.600 Has. (de paso tenía 157 trabajadores en negro) Y así tenemos inundaciones incontrolables y trágicas. El partido Obrero celebró la condena por desmontes ilegales y señaló que ellos son un problema político (tan es así, que el gobernador electo de Córdoba (Schiaretti) creó 4 Dptos., uno de ellos para “Gestión de contralor ambiental”).
Lo positivo: la Jueza que falló, agregó que el empresario sojero dado que se rebeló, durante 2 años debía cumplir “reglas de conducta”: constituir domicilio, evitar el “consumo de estupefacientes y el abuso de bebidas alcohólicas”. Para imitar.