El Nobel de Economía 2015, Angus Deaton ha sido premiado por sus estudios respecto a cómo gastan las personas, para medir la pobreza en forma realista, el bienestar y el estándar de una vida más feliz.

Por José Miguel Galetto
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¿Se puede medir la felicidad, el bienestar y la pobreza?
Sí. Lo logró mediante investigaciones rigurosas, el elegido NOBEL DE ECONOMÍA 2015 ANGUS DEATON, escocés de 69 años, por sus estudios desarrollados en la Universidad de Princeton (EEUU) y que fueron clave para establecer políticas públicas en varios países. Ha explicado cómo gastan sus ingresos las personas para aumentar el bienestar y combatir la pobreza a partir de decisiones individuales de los consumidores, porque fluctúan en el tiempo mucho más que los ingresos totales de la población. Este tipo de encuestas de hogares, son hoy en día estándar en la ciencia y permite establecer índices de precios para medir los efectos de la política económica. Así lo evaluó el Comité Nobel que entregará el premio el 10 de diciembre al cumplirse un nuevo aniversario de la muerte de Nobel.
Respondió a la tradicional pregunta “el dinero ¿contribuye a la felicidad”? A diferencia de lo que generaliza la gente en positivo, para la ciencia existe un techo. La sensación subjetiva aumenta hasta determinado nivel de ingresos. Más allá, un aumento de ingresos no significa necesariamente mayor felicidad, debido- entre otros motivos personales- al “estrés” que se sufre en los trabajos muy bien pagados y el poco tiempo que dejan para otras actividades (recreativas o no) y sobre todo para pasar el tiempo con la familia y los amigos.
En el polo opuesto, confirma que el ingreso escaso genera insatisfacción e infelicidad.
Con su método se puede evaluar quienes son los ganadores y perdedores de las modificaciones en el impuesto. a los ingresos. En nuestro país, el debatido “impuesto a las ganancias”. Tema a resolver por el nuevo gobierno, puesto que de ninguna manera el salario para vivir es una ganancia. La mano de obra ayuda a producir y es la empresa la que goza de los beneficios y quien debe pagar. En todo caso, analizar si un 35% de retenciones debe achicarse.
El nudo de sus estudios radica en que encontró la respuesta a la pregunta del encabezamiento. Con ayuda de datos de los hogares (tuvo en cuenta si había niños que necesitan menos que los adultos) calculó el estándar de vida y la pobreza en los países en vías de desarrollo y lo tradujo en índices confiables. Cabría preguntarse ¿por qué el actual gobierno se negó a medir la pobreza en nuestro país como si ella no existiera? No haría falta que el Nobel profundizara. La pobreza se puede y debe medir matemáticamente, sin improvisar datos irrisorios. Aunque no sean cifras exactas, las estadísticas privadas atestiguan que existe un 25% de pobreza en la Argentina, lo que implica la cuarta parte de la población total. (Unos 10 millones de almas) Ni hablar de los indigentes y quienes sobreviven en las calles. El Dr. Abel Albino (titular del CONIN-Mendoza), hace sus propios estudios en base a la desnutrición infantil, que tilda de calamitosa. La falta de alimentación provoca un cerebro deficiente para toda su vida.
Como el objetivo de este lanzamiento es trazar panoramas breves, este tema amerita ser desarrollado en una próxima nota en esta misma columna.