La terapia facilita la sanación de conflictos ligados a procesos inconscientes vinculados a generaciones anteriores. Cómo se trabaja y cuándo se recomienda constelar en forma grupal o individual. “Al descubrir un conflicto, vas sanando”, explicó la terapeuta holística Julieta Dayar.
Julieta Dayar, consteladora y terapeuta holística.
Todos venimos de algún lado. Podemos conocer más o menos nuestro árbol genealógico, pero es incuestionable que este deja huellas. Esto es aún más evidente cuando hay situaciones que se repiten de una generación a otra. Ya sea un hecho traumático, un secreto o un conflicto no resuelto, los eventos del pasado pueden afectar nuestro presente.
Ante este escenario muchas veces se intenta encontrar respuestas a situaciones cotidianas, familiares, de trabajo y de relación con otras personas que no podemos manejar. Y, en los últimos años, sobre todo después de la pandemia del Covid, con el furor de la serie “Mi otra yo” (Netflix), se fueron popularizando las constelaciones familiares, que sirven para encontrar esas respuestas, o por lo menos para transitar la vida de una forma más liviana.
Tras la repercusión que tuvo la producción turca, impulsó el interés por este método para el bienestar emocional. Las consultas se incrementaron y esta nueva seudoterapia también llegó a Sastre a través de la terapeuta holística, Julieta Dayar, quien explicó en que consiste este método de abordaje emocional, que facilita la liberación de conflictos ligados a procesos inconscientes vinculados a nuestro sistema familiar, especialmente a generaciones anteriores.
“La temática de las constelaciones familiares es que la persona doliente o que padece una problemática venga a encontrar el origen, a través de una codificación transgeneracional, inconsciente colectivo de un árbol familiar y pueda resolver esa disyuntiva o esa negativa que ha quedado arengada en sí, cortando ese hilo conductor que va codificando a cada uno de los que involucran el árbol sistémico. Se trabaja desde la sistémica, que es una rama de la psicología, y la gestáltica. Es decir, qué patrón sistémico, qué patrón gestáltico, que conducta arraigo yo, que repito”, resumió.
El psiquiatra y psicólogo Carl Gustav Jung fue el primero en acuñar el término "constelaciones familiares" pero fue el filósofo alemán Bert Hellinger, quien observó que las personas sienten emociones que no les pertenecen y muchas veces toman decisiones que nada tienen que ver con ellos. A partir de esta observación, comenzó a investigar y en 1978 llegó a la terapia sistémica familiar, lo que hoy se conoce como constelaciones familiares.
Al constelar, a través de sesiones que pueden ser individuales o grupales, esas creencias ocultas salen a la luz y pueden ser cuestionadas, liberadas y reescritas. Con la ayuda y acompañamiento de un terapeuta, se configura el sistema familiar, es decir, los miembros de la familia, necesario para trabajar la dolencia de aquella persona que decida hacer la constelación. Pero esto requiere de compromiso y voluntad, ya que es un proceso y no algo que se resuelva de la noche a la mañana.
“Se puede constelar la relación con papá y mamá, que es de donde deviene toda la problemática; una dolencia física que tiene un origen emocional y que seguramente un antepasado también lo situó; una enfermedad como el cáncer, problemas del corazón; trastornos psicológicos como dislexia, TDA, trastorno de personalidad límite, problemas de pareja o de trabajo, depresión, suicidios, entre otras problemáticas que la persona tenga o quiera sanar”, detalló Dayar, quien todos los meses realizan tres jornadas de constelaciones familiares en la cabecera departamental.
La terapeuta holística, quien desde 2019 viene realizando esta seudoterapia, señaló que las personas mayores de 18 años ya pueden constelar excepto aquellas que sufran patologías muy marcadas como esquizofrenia, bipolaridad o psicopatía.
Por otro lado, Dayar diferenció las constelaciones familiares grupales de las individuales. “En las grupales, de las que participan diez personas, lo que se hace es traer, como inconsciente colectivo de transgeneracional, el manifiesto de la dolencia de cada uno anclado o codificado a un antecesor. Cuando pones a las personas a accionar, la información es como un conducto invisible que va llegando, se va canalizando y exponiendo en cada persona para encontrar el origen de la dolencia que afecta al individuo. Es decir, a nivel gestáltico se da una codificación que está anclada al proceso conductual de cada uno”, indicó.
“En la constelación individual, lo hago con maderitas o plantillas, en donde la persona se pone los zapatos de mamá o papá o de algún antepasado y se va haciendo con inducción. Le decís a la persona, que piense en una figura y se comenza a trabajar con preguntas para que te vayan contestando y haces las frases que se utilizan en constelaciones”, añadió.
Y sintetizó: “la individual es un proceso interno, lo vivís todo vos en ese momento y lo vas cargándolo. La grupal te lo evidencia la gente. El movimiento cuántico en la individual lo haces vos solo. En la grupal, los compañeros que entran en línea con vos, evidencian lo que está arraigado”.
¿Y qué pasa después de la constelación? “Yo siempre digo de esperar un mes, porque la energía que se resuelve ahí queda en vibración alza telúrica durante 15 días. Es decir, todo lo que yo pase a consciente empieza a trabajar desde otro lado, porque mi inconsciente ya me lo evidenció y ahora tengo que incorporar esta nueva información. Y después, otros 15 días más para que eso se asiente y poder haber comprendido ese proceso. De todas maneras, el tiempo va a depender del proceso interno de cada uno”.
“Hay codificaciones en nombres, en fechas, lo que ejercemos, lo que somos, las profesiones, todo tiene un símbolo. Se pueden enumerar un montón de vocaciones o trabajos que tenemos, que pueden ser trabajos que no deseamos. Si lo estás cumpliendo a ese trabajo, es porque tu clan te lo está enviando. Pero al descubrirlo vas sanando y vas reconectando más con tu yo que con la lealtad que tenés con la familia”, apuntó.
Consultada por el auge de esta terapia pseudocientífica, la consteladora oriunda de Rafaela, coincidió que hubo un crecimiento después del boom que fue la serie “Mi otra yo” aunque aseguró que “la gente ya venía resonando con otro despertar”.
“Yo siempre digo que hay que seguir la terapia si la iniciamos con un psicólogo o psiquiatra”, dejó en claro y confió: “hoy la gente quiere cosas de resoluciones inmediatas. Entonces, cuando las terapias más conocidas, no les dan resultado con inmediatez, empiezan a tomar estas otras terapias”.
Sobre constelar, Dayar precisó que “la persona debe sentirlo y vibrarlo”. “Yo creo que esto nace, te urge por una sanación. No vengan por curiosidad”, concluyó.