“Un campo sin agroquímicos: el desafío de producir en la zona prohibida”

Daniel Bernard, productor agropecuario de Sastre, recurrió al uso de productos orgánicos para enfrentar las plaga, tras un fallo judicial que prohíbe el uso de agroquímicos a menos de mil metros del área urbana. Apuesta a mantener sus cultivos en una zona agrícola restringida.

Sastre: un productor apuesta a productos orgánicos ante la prohibición de agroquímicos cerca del casco urbano.

   Daniel Bernard, productor agropecuario de la ciudad de Sastre, se encuentra entre los afectados por un fallo judicial que prohíbe el uso de agroquímicos a menos de 1.000 metros del radio urbano. La medida, vigente desde hace cuatro años, obliga a los agricultores de la zona a buscar alternativas a los cultivos tradicionales como soja, maíz o trigo.

   “Es imposible hacer agricultura convencional sin aplicaciones”, explicó Bernard, quien optó por sembrar cultivos alternativos como alfalfa y moa. Sin embargo, esas producciones no están exentas de amenazas: una de las principales es la izoca, un gusano que devora el follaje de las plantas.

   En los últimas semanas, Bernard pudo aplicar por primera vez un producto orgánico aprobado por el Ministerio de Agricultura, elaborado a base de agua y bacilos. “No es un agroquímico. Es un producto biológico que permite combatir plagas sin afectar al ambiente ni violar la normativa vigente”, señaló. La aplicación fue autorizada por la Municipalidad de Sastre y validada por la Justicia.

   Según el productor, la plaga afectó completamente las 100 hectáreas sembradas con moa. “Cuando aparecen mariposas en el lote ya sabés que se viene el problema. Ponen huevos que luego se transforman en larvas que comen sin parar”, explicó Bernard. “La izoca tiene un ciclo de vida muy corto y en pocos días puede arrasar con todo. La diferencia entre una planta atacada y una sana es abismal”, aseguró.

   Bernard destacó que el procedimiento se realizó bajo estrictos controles: “Se hicieron actas, se verificó que la máquina estuviera limpia y registrada, que el aplicador esté habilitado, y que el producto tuviera todos los certificados requeridos”.

   El productor también planteó la paradoja entre esta restricción y la aceptación de productos químicos para combatir el dengue dentro del área urbana: “En el pueblo se aplican productos para controlar el mosquito, que son químicos. Este producto que usamos nosotros es biológico y podría aplicarse incluso dentro de la ciudad sin inconvenientes”.

   El fallo judicial que limita las aplicaciones afecta a unas 1.740 hectáreas alrededor de la ciudad de Sastre. Bernard espera que su experiencia sirva como precedente para que otros productores puedan utilizar estas herramientas biológicas como alternativa viable.

   “Hace años que venimos buscando soluciones para no abandonar la producción. Esta es una prueba más. Ojalá funcione, porque lo que queremos es seguir trabajando dentro de la ley y cuidar el ambiente”, concluyó.